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viernes, 28 de julio de 2017

TDAH: Lo que quisiera que mis profesores supieran


Escrito por Lisa Gridley (Ontario, Canadá) Traducido y adaptado por Elena Díaz de Guereñu Aunque cada persona debe ser tratada de manera individual, según sus habilidades, limitaciones y necesidades, la siguiente lista recoge lo que la mayoría de estudiantes con TDAH experimentan.
1. Padezco un Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDA-H). Se trata de un trastorno que afecta a las funciones ejecutivas del cerebro. Las funciones ejecutivas hacen que seamos capaces de medir las consecuencias de nuestras acciones y de planear sus resultados; permiten que seamos capaces de organizar nuestras acciones en el momento de llevarlas a cabo y de hacer los cambios necesarios cuando no dan el resultado deseado. La parte del cerebro que gestiona esas habilidades es como un director de orquesta que hace que todos los instrumentos interpreten una pieza musical. Mi director de orquesta tiene problemas para comunicarse con sus músicos; por eso necesito tu ayuda.
2. No soy una persona tonta, vaga ni mala. Es probable que mi CI sea igual o incluso superior a la media: muchas personas con TDAH son también superdotadas. Pero mi cerebro está organizado de diferente manera que el de mis compañeros; a veces siento que me porto como un idiota. Me resulta difícil reconocer que necesito ayuda. Para evitar el mal trago, hago como si hubiera entendido tus explicaciones, o discuto contigo; así consigo que ni tú ni mis compañeros os deis cuenta de mis dificultades. Necesito saber que no te vas a reír de mí ni me vas a ridiculizar si te pido ayuda. Otro problema con el TDAH es que puedo hacer algo muy bien un día y ser incapaz de repetirlo al día siguiente. Por favor, no me hagas sentir peor diciendo cosas como “sé que podrías hacerlo si lo intentases de verdad; ayer fuiste capaz”. En lugar de eso, enséñame cómo empezar a hacerlo, como si fuera la primera vez. Puedes dejar que empiece por mi cuenta, pero revísalo enseguida para asegurarte de que voy bien. No me dejes hacer mal casi todo el trabajo; me será difícil eliminar de mi mente el camino equivocado y se me hará muy duro tener que volver a repetirlo todo.
3. El TDAH no es algo visible; a veces te puede resultar difícil recordar que necesito ayuda. Trata de imaginar que soy un alumno ciego y piensa cómo me tratarías.
4. Algunos días me cuesta muchísimo controlar mi conducta. Es como si estuviesen sonando varias emisoras de radio a la vez y yo tratara de escuchar sólo una de ellas. Es algo que te pone muy nervioso y resulta frustrante. Por eso, si me preguntas algo y te contesto de mala manera, es simplemente porque ya no puedo soportar esa tensión.
5. Imagina que eres mi entrenador. Los buenos entrenadores consiguen lo mejor de sus jugadores a base de animarles, premiarles y aplaudirles inmediatamente, sobre todo delante los demás. Castigarme por cosas que no sé hacer bien sólo hará que me sienta aún peor conmigo mismo. Y, por favor, no me avergüences delante de los demás; dime las cosas en privado. Las relaciones sociales no son mi fuerte; me cuesta hacer amigos o llevarme bien con ellos. Entréname para que haga mejor las cosas. Explícamelo con detalle, ponme ejemplos. Me cuesta aprender algunas cosas a la primera. Y anímame cuando lo intente.
6. Ayúdame a recordar las normas: anótalas donde las tenga siempre a la vista. Necesito que me las recuerdes de vez en cuando y que me avises cuando las esté desobedeciendo; en resumen, necesito práctica para aprender a cumplirlas. Cuando me salte una norma, házmelo saber al momento y dime qué debería haber hecho.
7. Necesito que me ayudes a:
−  Organizarme: anotar los deberes en mi agenda, prepararlos, terminarlos y entregártelos cuando están acabados
−  Tomar apuntes
−  Aprender a estudiar
−  Hacer los exámenes.
Cuando corrijas mis ejercicios, fíjate en las partes que me cuestan más y enséñame a hacerlas mejor.
8. Es muy difícil para mí recordar un montón de instrucciones si me das todas de una vez. Por favor, dame las instrucciones de una en una. Para los deberes, me ayuda mucho tener las instrucciones por escrito, para no tener que intentar recordarlas todas.
9. La medicación me ayuda a centrarme y calma mi hiperactividad. Pero, al hacerme mayor, puede ser necesario ajustarla. Puedes ayudarme mucho si avisas a mis padres de que mi medicación ya no está siendo tan eficaz.
10. Incluso con la medicación, necesito moverme. El movimiento me ayuda a concentrarme y aprender. Puede serme útil ponerme de pie mientras explicas; necesito liberar energía, como si una corriente de alto voltaje me recorriera los brazos y las piernas. Si te parece bien, cuando necesite levantarme te haré una señal determinada. Entonces, puedes enviarme a buscar algo a tu despacho, pedirme que recoja o reparta papeles o que borre la pizarra. O puedes decir hacer que toda la clase descanse para estirar las piernas; nadie sabrá que lo haces sólo para ayudarme a mí.
11. No me castigues sin salir al recreo. Necesito desesperadamente la actividad física varias veces al día para liberar el exceso de energía y eliminar el estrés que me produce el permanecer sentado tanto tiempo. Sin esta válvula de escape, aumentarán mi hiperactividad y mi impulsividad.
12. Otra cosa que me ayuda es hacer algo con las manos. Juguetear con un bolígrafo, un pedazo de plastilina o una bola anti-estrés me ayuda a liberar el exceso de energía.
13. Mi lugar en la clase es muy importante. Puede ser mejor estar en primera fila, para no distraerme con lo que hacen mis compañeros y estar más cerca de ti cuando necesite ayuda. O puede ser mejor estar al fondo de la clase; así no estaré mirando para atrás constantemente para ver qué pasa en la clase. Estar al fondo también me quitará “público” y me permitirá levantarme, si lo necesito, sin distraer a los demás. También necesito evitar otras distracciones: las ventanas, la papelera, otros compañeros que estén molestando… Puede ser útil estar junto a alguien que me pueda ayudar si tú estás ocupado: cuando necesito ayuda, no puedo esperar.
14. Cuando notes que me he distraído, hazme una señal discreta o tócame el hombro al pasar junto a mí. O di algo como “Esto es muy importante, así que prestad atención”. Por favor, nunca me ridiculices con sarcasmos o expresiones como “Houston llamando a…”
15. Soy muy sensible a pequeños ruidos y sensaciones: el zumbido de los tubos fluorescentes, la temperatura de la clase, las etiquetas de mi ropa o el ruido que hace al escribir mi compañero de detrás. A veces, cosas como estas me impiden concentrarme. Me puede ayudar tener un lugar tranquilo al que ir si yo lo necesito o ves que me cuesta concentrarme. Pero, por favor, déjame a mí decidir si voy o no; no me avergüences ante toda la clase obligándome a ir. Si ofreces este “lugar tranquilo” a toda la clase, me será más fácil utilizarlo sin sentirme señalado.
16. Me cuesta pasar de una actividad a otra, sobre todo si estoy haciendo algo que me gusta. A veces tiendo a hiperconcentrarme; entonces me cuesta mucho esfuerzo cambiar de tarea. Puedes ayudarme si me avisas de que vamos a cambiar de actividad dentro de unos minutos. Eso me da el tiempo que necesito para “activar los frenos” en mi cabeza. Pasar de una actividad física a una sedentaria (volver del recreo o del gimnasio) me resulta especialmente difícil. Ayúdame frenándome poco a poco y premiándome cuando me coloco en mi sitio rápidamente.
17. Tengo muy mala letra. Permíteme escribir en letra de imprenta si lo prefiero. El ordenador es aún mejor; suelo pensar más rápido de lo que escribo y el ordenador me permite reflejar mis ideas sin preocuparme de los errores o el desorden; más tarde podré corregirlos.

martes, 18 de julio de 2017

Mutismo selectivo, un trastorno que crece y preocupa


El mutismo selectivo es un trastorno de la comunicación verbal. Se trata de un problema de inhibición del habla en situaciones sociales definidas y que suele tener inicio en la etapa preescolar. Aunque el niño afectado demuestra capacidad lingüística en distintos entornos, en algunas circunstancias definidas deja de hablar. Si bien se desconocen sus causas, se estima que esta compleja condición puede estar relacionada con traumas emocionales y trastornos de ansiedad e inhibición severos. Algunos profesionales aseguran que el mutismo selectivo ya ha alcanzado niveles de incidencia tan altos como el autismo y que puede desencadenar serias consecuencias para la escolarización y la inserción social si no se trata a tiempo.

A esta dificultad para comunicarse verbalmente en entornos y situaciones sociales poco familiares se la conoce con el nombre mutismo selectivo (MS). 

Es importante diferenciar este trastorno de otras condiciones que tienen como base una dolencia orgánica, sensorial o cognitiva. En este caso estamos frente a niños que presentan una buena competencia lingüística y comunicativa en relación a su edad, pero que por motivos desconocidos y en determinados entornos dejan de comunicarse oralmente, es decir que manifiestan una fuerte y persistente inhibición del habla bajo situaciones sociales establecidas. 

Por lo general se trata de niños menores de cinco años y el ámbito donde mayormente se desarrolla el trastorno es la escuela. 

La cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, conocido por los médicos como el DSM-IV, reconoció que las características sociales de ansiedad y fobia social pueden estar asociadas con el mutismo selectivo, ya que más del 90% de los niños con MS también cumplen con el criterio diagnóstico  para el trastorno de ansiedad social y fobia social. De todos modos no existe aún un acuerdo respecto a las posibles causas del trastorno. 

La mayoría de niños y adolescentes afectados por el MS logran desempeñarse normalmente en otras áreas y aprenden habilidades apropiadas para su edad. Sin embargo, algunos pueden tener otros trastornos de ansiedad comórbidos que pueden acarrear altos niveles de sufrimiento personal y pueden impactar en la vida del niño trayendo serios problemas de adaptación al entorno, perturbando su desarrollo afectivo-emocional e impactando negativamente en el desarrollo social y académico, como también en su autoestima.
Por eso cabe resaltar que el mutismo selectivo es mucho más que timidez y muy probablemente se encuentre dentro del espectro de la fobia social y los trastornos de ansiedad. Tampoco se trata de niños que intencionalmente se niegan a hablar; por el contrario, se ven imposibilitados de hacerlo y sufren mucho por ello.

Si sumamos a ello que esta inhibición del habla raramente sucede de forma espontánea y puede prolongarse durante muchos años si no se interviene, los profesionales especializados recomiendan consultar a un profesional ante los primeros indicios del trastorno para diseñar un abordaje adecuado.

Descripción general

Se estima que el mutismo selectivo afecta a 1 de cada 150 niños (según un estudio realizado por la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente en el año 2002), sin embargo, algunos investigadores han sugerido que la verdadera prevalencia está muy subestimada y que duplicaría los casos de autismo. 

Una investigación dirigida a una amplia franja de niños en la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos, identificó que 7,1 por cada 1.000 niños cumplían los criterios diagnósticos de MS. Otro relevo posterior llevado a cabo en Israel encontró una tasa de prevalencia casi idéntica, superando la incidencia de trastorno depresivo mayor (0,4 a 3 por 1000), el Síndrome de Tourette (0,5 por 1000) o el trastorno obsesivo-compulsivo (5 a 1 en 1000). 

Hay muchas teorías sobre las causas del mutismo selectivo, lo que provoca que a menudo no se diagnostique correctamente o que sea confundido con dolencias como alguna forma de autismo o un trastorno de ansiedad.

Aún no se ha podido precisar si existe una única causa detrás el MS, aunque se presume que en muchos casos el problema puede comenzar a partir de un trauma infantil leve. Otras teorías sugieren que, aunque no se pude hablar de causa genética, el MS se produce con más frecuencia cuando los padres del niño sufren una predisposición a la ansiedad. 

Algunos investigadores han notado que muchos niños con MS tienen una amígdala demasiado excitable. Esta es la parte del cerebro que recibe las indicaciones de las posibles amenazas y por lo tanto que pone en marcha dentro de una persona la respuesta de lucha o de huida.

También es interesante observar que entre el 20 y el 30% de estos niños también puede reportar un trastorno del habla o del lenguaje que añade tensión adicional y que a su vez aumenta su incapacidad de hablar.

Por otra parte, un conjunto de determinadas características asociadas ha permitido dar con un perfil de niños especialmente vulnerables donde se destaca: timidez profunda, poco contacto visual al comunicarse, aislamiento, miedo a la vergüenza social, comportamiento apegado, rasgos compulsivos, negativismo y conducta de oposición al intentar evitar situaciones sociales temidas, y rabietas, sobre todo en la casa. De todos modos, algunos de estos comportamientos pueden no estar presentes en el inicio del MS. 

Entre los principales síntomas que se han podido identificar se encuentran:

-Fallo al hablar en situaciones sociales específicas (en las que hay una expectativa para hablar, tal como en la escuela) a pesar de hacerlo en otras situaciones. Este comportamiento debe ser sostenido durante al menos un mes, no contando el periodo de comienzos de clase. 

-La incapacidad para hablar no se debe a un trastorno de la comunicación (por ejemplo, tartamudeo). Tampoco debe estar asociada a otros trastornos de base como trastorno generalizado del desarrollo (TGD), esquizofrenia, o un trastorno psicótico.

-Los niños con mutismo selectivo también puede mostrar trastorno de ansiedad (fobia social). Más del 90% de los niños con mutismo selectivo tienen ansiedad social.  

-Timidez excesiva que interfiere con el funcionamiento diario. 

-La mayoría de los niños con MS quieren y necesitan hacerse de amigos. Esto diferencia el mutismo selectivo de otros trastornos, como los trastornos del espectro autista. La mayoría de los niños con mutismo selectivo tienen habilidades sociales apropiadas.

-En cuanto a síntomas físicos, los niños con MS suelen quejarse de dolores de estómago, náuseas, vómitos, dolores en las articulaciones, dolores de cabeza, dolor de pecho, dificultad para respirar, diarrea, nerviosismo y temor. 

-Muchos niños con mutismo selectivo suelen presentar un aspecto pálido e inexpresivo. -Respecto a ciertas características de comportamiento, es común que estos niños sean quisquillosos con la comida, sensibles a las multitudes, a las luces intensas (evitan las luces brillantes) y a determinados sonidos. Pueden ser reacios al contacto físico: que cepillen su cabello, los acaricien, limpien sus manos, etc. También suelen quejarse del contacto físico con las etiquetas de las prendas de vestir o los dobleces, bordados o las medias. Tienen sus sentidos intensificados. Les cuesta autorregular su temperamento, son desafiantes, desobedientes, se frustran fácilmente, demuestran terquedad. 

En relación a la escuela, ámbito donde mayoritariamente suelen presentarse los síntomas y dónde el niño se siente más imposibilitado para hablar, el MS puede deteriorar las competencias académicas e incluso ser mal interpretado por los docentes y ser confundido con otras dolencias y trastornos. 

También puede suceder que muchos niños, especialmente los altamente inteligentes, compensen académicamente sus falencias de comunicación oral, poniendo todos sus esfuerzos para destacarse en las tareas y exámenes que no impliquen un desempeño oral.
Lamentablemente, si las fallas en la comunicación persisten, dichos logros no bastarán para alcanzar los objetivos generales y será necesario recurrir a un profesional. 

Los especialistas coinciden en que cuanto antes el niño pueda recibir un diagnóstico preciso, más rápida será la respuesta al tratamiento y el mejor el pronóstico en general. Si un niño permanece en silencio durante muchos años, su comportamiento puede convertirse en una respuesta condicionada en la que el niño se acostumbre a la no verbalización. 

Por otra parte, también podrán acentuarse y agravarse los síntomas relacionados con el riesgo de caer en un empeoramiento de la ansiedad, depresión, aislamiento social, pérdida de la autoestima y confianza en sí mismo, deserción escolar, sufrir bullying, pensamientos suicidas y riesgo de cometer suicidio o caer en adicciones. 

El principal objetivo de un diagnóstico temprano y una intervención adecuada será el desarrollo de habilidades de afrontamiento adecuadas y herramientas para superar su ansiedad. 

Diagnóstico y abordajes 

No caben dudas del gran impacto que este trastorno genera en la calidad de vida de quienes lo padecen. El mutismo selectivo ahoga el crecimiento y el desarrollo social y repercute en muy distintas áreas de la vida. 

Lamentablemente, la interpretación errónea de las capacidades cognitivas o comunicativas del niño con MS puede llevar a que se diagnostique de manera errónea o tardía. Es por esta razón que la evaluación debe ser realizada por una persona familiarizada con los trastornos de ansiedad y el MS.

Algunos especialistas recomiendan que para la evaluación se trabaje desde un equipo interdisciplinario formado por un patólogo del habla y lenguaje, un pediatra y un psicólogo o psiquiatra y que trabajen en conjunto con los maestros y la familia.

Como se mencionó anteriormente, los primeros parámetros de evaluación se basan en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, pero es necesario profundizar a través de una apreciación integral que involucre distintas especialidades médicas.
Luego de descartados otros posibles trastornos orgánicos/cognitivos/sensoriales (capacidad auditiva, posibilidad de infección del oído medio, examen oral-motor, etc.), los profesionales comenzarán una exhaustiva revisión de la historia educativa del niño, entrevistando a docentes y familiares, para descartar la sospecha de problemas como esquizofrenia o TGD, como también la influencia de factores ambientales.

Una vez determinada la condición se comenzará con el diseño de un tratamiento que no estará centrado únicamente en el niño, sino que involucrará la participación activa de la familia y la escuela. 

Dicho abordaje apuntará en un comienzo a disminuir la ansiedad y aumentar la autoestima, sin forzar al niño para que comience a hablar en lo inmediato, sino creando y fortaleciendo aptitudes de comunicación.

Los enfoques de tratamiento deben ser individualizados, aunque en la mayoría de los casos el tratamiento contempla una combinación de: 

-Terapia del comportamiento: Se trata de un proceso gradual que busca crear un refuerzo positivo y eliminar toda la presión de tener que hablar. Se pone énfasis en la comprensión del niño y el reconocimiento de su ansiedad. Introduce al niño en los entornos sociales de maneras sutiles y no amenazantes.

-Terapia de Juego, psicoterapia y otros métodos psicológicos: Pueden ser eficaces si primero se trabaja quitando toda la presión sobre el niño. Buscan ayudar a que el niño se dé cuenta  de que es comprendido y bucear en sus miedos y bloqueos, para comenzar a desanudarlos.

-Terapia Cognitivo-Conductual: busca ayudar al niño para modificar su comportamiento, transformando sus miedos y preocupaciones en pensamientos positivos. Generalmente se apunta a destacar los atributos positivos de cada paciente. Ayudándolo a construir confianza en situaciones sociales, y reduciendo la ansiedad y la preocupación general. 

- Medicación: los estudios llevados a cabo en Estados Unidos indican la eficacia de un método mixto que combine técnicas de comportamiento y medicamentos. Si los niños no están avanzando lo suficiente a partir del acompañamiento terapéutico, los medicamentos pueden ser recomendados para reducir el nivel de ansiedad. Existen incluso profesionales que optan por reducir primero los síntomas de ansiedad con medicación y luego comenzar a trabajar con técnicas terapéuticas de comportamiento. Generalmente, el tratamiento con medicamentos suele prolongarse de 9 a 12 meses. 

-Refuerzos de autoestima: aquí es donde el acompañamiento familiar toma protagonismo. Los padres deben trabajar por enfatizar los atributos positivos de los niños y motivarlos para encarar nuevos desafíos. Ocuparse de sus intereses y potencialidades, estimulándolos en sus talentos naturales. 

-Socialización frecuente: Fomentar la socialización tanto como sea posible sin empujar al niño. El objetivo es que se sienta lo suficientemente cómodo con los compañeros de interacción ocasional para que se produzca la verbalización. Por ejemplo, la mayoría de los niños con mutismo selectivo logra hablar con amigos en su propia casa. Entonces se programan mayores actividades en el hogar buscando que el niño hable cada vez más cómodo. Se puede comenzar invitando a los amigos más cercanos y luego ir ampliando el círculo. Existen muchas técnicas para ir programando las actividades adecuadas. 

-Participación escolar: los padres y terapeutas involucran y capacitan a los maestros y personal de la escuela sobre el mutismo selectivo. Se busca que la escuela tenga un mayor entendimiento sobre el MS y pueda brindar el apoyo y la confianza necesarios para facilitar la verbalización. 

-Entrenamiento familiar y aceptación del trastorno: Los miembros de la familia deben participar en el proceso de tratamiento. Muy a menudo será necesario generar cambios en los estilos de crianza como el modo en que los padres trasmiten sus expectativas. Será necesario un mayor espacio para el diálogo, la escucha y la contención, para permitir que el niño pueda abrirse y aliviar su estrés. La aceptación y comprensión de los padres es crucial para el niño. 

Es importante tener en cuenta que debido a que los niveles de ansiedad cambian de una situación a otra, y a menudo de una persona a otra, los métodos también se transforman y adaptan de una situación a otra. Por lo tanto, las herramientas que apuntan a reducir la ansiedad, mejorar el autoestima, la confianza social y ampliar las competencias en comunicación, deben adaptarse en función de la variedad de escenarios del mundo real con los que el niño interactúa. 

El pronóstico para los niños y adolescentes que reciben tratamiento para MS suele ser muy bueno. Con el abordaje adecuado, el MS se suele superar con éxito. La participación de la familia en este proceso constituye una poderosa estrategia para apoyar al niño durante el proceso de cambio y ayudarlo a resolver los problemas de adaptación a situaciones fuera de la unidad familiar.

En este sentido, la familia y los docentes tendrán que “respirar” al compás de  las necesidades y las conquistas del niño con MS, valorando cada logro que, aunque pequeño, será sin dudas significativo. Lo esencial será acompañar el proceso con paciencia, permitiendo que cada niño llegue a sus metas desde su propio ritmo.

Son muchos los testimonios que reflejan postales cotidianas similares. Historias donde niños y niñas que pasan el día en su casa como cualquier otro pequeño, charlando, jugando, riendo, peleando con los hermanos, pero todo cambia cuando cada mañana o tarde van camino a la escuela, al club o hacia otro ámbito de interacción social fuera del círculo de mayor intimidad. Entonces, ante los ojos de los padres comienza una transformación sorprendente: se van poniendo más y más silenciosos, retraídos, temerosos y para cuando llegan ante la puerta de entrada ya han dejado de hablar por completo. Así permanecerán el resto del día hasta retornar a su hogar. Durante la jornada escolar o de recreación no volverán a abrir la boca, aunque necesiten ir al baño o se sientan mal.





Luis Eduardo Martínez
martinez_luiseduardo@yahoo.com.ar
Twitter:@MartinezLuisEdu

domingo, 16 de julio de 2017

Serie Numérica en Inicial

La serie numérica oral y la acción de contar, son herramientas muy valiosas tanto para evaluar cantidades de objetos, como para resolver los primeros problemas aditivos. Es por ello, que sería conveniente incluir esta actividad en la Educación Inicial.

El recitado de los números es uno de los primeros aprendizajes de los procesos matemáticos, se consideró como un aprendizaje memorístico y de poca importancia, sin embargo constituye una tarea compleja y valiosa para la adquisición de la noción de número y aprendizaje posterior de los mismos.

Existe cierta lógica en algunos errores que cometen los niños y niñas al decir la serie o al contar. Ejemplo: hemos escuchado muchas veces a los niños(as) decir en voz alta: uno, dos, tres, cinco, ocho, nueve, seis, diez; cuando juegan al escondite, o dicen los años que tienen, o cuando realizan cualquier otra actividad de conteo oral.

Este tipo de recitado nos hace pensar que los(as) niños(as) nada saben de los números, lo cual no es cierto, porque han aprendido que al decir la serie numérica no dicen otras cosas más que el nombre de los números. Se tratará entonces de favorecer el recitado de los números, ya que, lejos de ser una actividad mecánica y despojada de sentido para el niño(a), le ofrece datos sobre la organizacion de éstos. Además, los primeros conocimientos numéricos servirán tanto para comparar números como para calcular.

El objetivo no es enseñar los números de la manera que la escuela tradicional lo hizo de uno en uno y propiniendo la escritura de los mismos en forma de caligrafía, haciendo hincapié en el trazo. Se trata de proponer situaciones didácticas donde se utilice el número en diferentes contextos: para contar, para saber cuántos objetos hay, para comparar colecciones, para construir una colección compuesta por una determinada cantidad de objetos, buscándolos e interpretándolos en objetos de uso social (numeración de las casas, calendarios, envases, el número del ascensor, otros); tratando de comprender la función que ellos cumplen. Ejemplo: Jacobo, en una reunión de grupo realizaba en el Centro Educativo "Domingo Savio" dice: "Los números sirven para contar y sumar", Emi, "para jugar al escondite, uno se tapa los ojos, cuenta hasta catorce y dice: "ya". Mary Carmen, agrega "también sirven para jugar bingo".

El hecho de contar en forma correcta no es siempre garantía de correspondencias cuantitativas. La acción de contar implica algo más que el recitado de la serie numérica; involucra, también un procedimiento de correspondencia término a término entre el conjunto de los números y de los objetos que se deben contar, ejemplo: María, niña de cuatro años, agrupa varios objetos (tazas plásticas) y luego realiza el conteo, señalando con el dedo cada uno de los objetos, correspondiendo con el número que va diciendo.

La serie de los números naturales la construye el/la niño/a poco a poco, creando y coordinando relaciones de correspondencias, de ordenación, de cuantificación, de numeración, de relación número-cantidad y cifra-cantidad.

Podemos decir que el/la niño/a construye el concepto de número natural a partir de los conocimientos previos que proporciona el medio en que vive y coordinando las actividades sistemáticas de aprendizaje que le brinda el contexto educativo.

El/la docente ofrecerá oportunidades a los niños y niñas de:
  • Ampliar el conteo de la serie numérica oral conocida.
  • Usar adecuadamente la sucesión oral en las situaciones de enumeración de objetos, es decir, que el número dicho corresponda con el objeto contado.
  • Detenerse ante un número dado.
  • Continuar la sucesión partiendo de un número diferente de uno.
  • Reconocer el sucesor o antecesor de un número.
  • Uso de relaciones entre los números: estar entre, uno más que, uno menos que.
En conclusión, se puede decir que un niño/a sabe contar si utiliza procedimientos tales como:

  • Asigna a cada uno de los objetos a contar una palabra y sólo una, que es el nombre de un número. Estas palabras (nombre de los números) deben pronunciarse en un orden fijo, siempre igual, es decir respetando el orden de la serie numérica.
  • Reconoce que el último número nombrado de la serie utilizada durante el conteo corresponde a la cantidad total de objetos.
  • El orden en el cual cuenta los elementos de una colección no afecta el resultado del conteo.
Consigna: ¿Cómo podemos saber cuántos objetos hay?


Juego: "La pesca de animales"
Objetivo: Tratar de pescar la mayor cantidad posible de animales.
Materiales: 
  • Siluetas de animales con imanes.
  • Cañas de pescar con broche metálico en la punta
  • Una bandeja.
Desarrollo:
  • Selecciona el grupo de niños(as), para realizar el juego.
  • Todos los jugadores empiezan a jugar al mismo tiempo.
Consigna: "Tienen que pescar todos los animales posibles", el juego termina cuando en la bandeja no hay más siluetas; se anota cuántas siluetas saca cada niño(a).

Variante: Darle un puntaje a cada animal. Ejemplo:
  • La tortuga: 3 puntos
  • Los peces: 2 puntos
  • Luego se suma el puntaje obtenido (individual y colectivo)
  • Otros...
Gana el equipo con mayor puntaje.

Experiencia de aula en cuanto a las relaciones cuantitativas.

Edad de los niños y niñas: 4, 5 y 6 años. Centro Educativo: "Domingo Savio".

Docente:
Coloca una cantidad de objetos sobre una mesa, (pajaritos de madera) y le plantea a los niños y niñas, formar colecciones con el material.

Mary Carmen:
Selecciona tres (3), pajaritos y los agrupa.

Nicole: 
Toma dos (2), y Jacobo forma una de tres elementos.

Docente: 
¿Qué les parece, si observamos todos los objetos que ustedes han reunido para saber quién tiene más pajaritos?

Andrés:
Yo tengo más y cuenta los elementos: 1, 2, 3, 4, y por último dice: cuatro.

Docente: 
¿Quiénes tienen igual cantidad que la de Andrés? ¿Cómo lo podemos averiguar?

Jacobo: 
Propone, utilizar el conteo para determinar las cantidades, luego comienza a contar: 1, 2, 3, yo tengo tres (3) pajaritos, Nicole, tiene dos (2), mary Carmen tres (3) y Andrés cuatro (4).

Docente: 
¿Quiénes tienen la misma cantidad de pajaritos?

Andrés:
Jacobo y Mary tienen lo mismo (3) y Nicole, dos (2) yo tengo más que ellos.

Docente:
¿Por qué creen ustedes que Andrés tiene más pajaritos?

Mary Carmen:
Porque tiene cuatro, yo tengo tres y Nicole tres.

Docente:
¿Cuántos te faltan Mary Carmen, para tener la misma cantidad que Andrés?

Mary Carmen:
No responde y vuelve a contar.

Andrés: 
Le falta uno. Porque yo tengo cuatro, uno más que ella.

Mary carmen: 
Yo tengo lo mismo que Jacobo, "tres y tres"

Jacobo:
Sí, tengo lo mismo que Mary

Nicole:
Se mantiene callada, y la docente pregunta ¿quiénes tienen "menos" cantidad de pajaritos? Andrés responde: Nicole, tiene "más poquito".

Docente:
Nicole, ¿qué nos puedes decir de lo que hemos hecho hasta ahora?

Nicole responde:
"Contar". Jacobo dice: Sí, tiene "más poquito", "dos".

Serie de números consecutivos.

Para obtener en la serie de números consecutivos, la noción de orden y de sucesión, se han de proponer actividades que favorezcan en los niños(as) la idea de la formación del siguiente por adición de la unidad; y el reconocimiento del sucesor o antecesor de un número dentro de un grupo de objetos.

Ejemplo 1:


Ejemplo 2:

De esta misma actividad se pueden establecer niveles sucesivos de dificultad. Ejemplo: podemos tomar un número de objetos al azar y luego plantearle a los niños(as) que busquen el anterior y luego el posterior.


Ejemplo 3:

A partir de un número diferente de uno.

El primero comienza por 2 y el segundo comenzando por el mayor.



Cuantificación:


En la vida cotidiana, el niño y la niña utilizan muy pronto un vocabulario relacionado con la cantidad: todo, nada, algunos... y también con las parejas de contraste: muchos-poco, más-menos. Ejemplo: "dame muchos caramelos", "dame un poquito de agua", "esto pesa mucho", "esta cuerda es más larga que la otra..." Todos estos términos se utilizan para comparar.


Los números sirven para comparar cantidades desde el punto de vista cuantitativo utilizando:

  • Relaciones de igualdad: "tantos como"
  • Relaciones de desigualdad: "más que", "menos que", "mayor que", "menor que".
Es importante que en el ambiente de aprendizaje se planifiquen situaciones didácticas vinculadas con las relaciones de igualdad y las de desigualdad, comenzando por ejemplo: con las características personales de los niños(as) (tamaño, color, número de calzado, largo del cabello, otros); y con los materiales del aula o espacio comunitario.



Las actividades de la rutina diaria pueden ser aprovechables en la medida que se presenten a los/as niños(as) en forma de problema vinculadas con la serie numérica. Se deben presentar múltiples experiencias, que permitan resolver diferentes tipos de problemas, oportunidad de construir, actuar sobre las mismas, comparar cantidades, situaciones en las cuales puedan acceder a los conocimientos. Se trata de proponer actividades en la que se utilicen los números en diferentes contextos. Ejemplo: construir colecciones compuestas por un número determinado de objetos, comparar las cantidades, establecer las relaciones de: "tantos como" (igualdad) y relaciones de desigualdad "más que", "menos que".

El número para calcular


Esta función implica comprender que una cantidad puede resultar de la composición de varias cantidades; y que se puede operar sobre los números y objetos para prever u obtener un resultado.

Por ejemplo: Luisa docente de un grupo de niños y niñas de 5 años, les informa que en el espacio para construir y armar tienen 4 carritos; pero que hoy la mamá de Valentina trajo 2 más. Les plantea ahora ¿cuántos carritos tenemos?

La situación planteada tiene una intención pedagógica: transformación de la cardinalidad, producto de reunir los cardinales de ambos conjuntos (4 y 2) se transforman en (6). Al juntar los dos conjuntos estamos calculando (operaciones aditivas). También podemos quitar, sacar elementos de distintos conjuntos para producir transformaciones. Ejemplo:



Escritura Numérica


La escritura de los números entra en la vida de los niños y las niñas a través de diversos contextos sociales; lo observamos en los números de los teléfonos, en los precios de las chucherías, juguetes, productos comerciales, números de las casas y apartamentos, edad, otros; con el cual los/as niños(as) tienen reiteradas oportunidades de interaccionar antes de ingresar al Centro de Educación Inicial.

Por ejemplo: Judith, docente de un grupo de niños de 3, 4 y 5 años del Centro de Educación Inicial "Domingo Savio", les propone realizar un juego: Derribar Objetos. Antes de iniciar el juego los niños y niñas determinan la distancia de la línea de juego, utilizando los pies y/o una cinta métrica para medir. Van anotando en una hoja la cantidad de objetos derribados (bolos o pines).

Los niños y niñas realizaron el registro de la siguiente forma:




En otro ejemplo realizado en el mismo centro educativo, la maestra propone a un grupo de niños y niñas de cuatro, cinco y seis años, registrar el resultado de la suma (adición) de dos colecciones: una formada por tres pajaritos de madera y la otra por dos pajaritos. (5 pajaritos).

Como situación previa al registro de cantidades, los niños y niñas, formaron agrupaciones de objetos, utilizando como procedimiento el conteo de los elementos, las relaciones de cuantificación y de comparación: "más que", "menos que", "igual que"; ejemplo, Andrés dice: tengo "más pajaritos que Nicole, ella tiene dos y yo tengo cuatro, Jacobo y Mary, tienen lo mismo, tres".

Los niños y niñas realizaron el registro de la siguiente forma:




La forma utilizada por los niños y niñas para registrar las cantidades fueron distintas. Lo cual demuestra diferentes niveles de construcción al registrar las cantidades: palitos, números, letras.

Martín Huges (1986) investigó en niños y niñas de 3 a 7 años la posibilidad de representar una cantidad determinada entre 1 y 9. Los resultados obtenidos le permitieron agrupar en cuatro grandes categorías:

Idiosincrásicas:


El niño(a) al representar no tiene en cuenta ni el tipo ni la cantidad de objetos presentados. Realiza una representación gráfica que no tiene relación con la situación planteada.

Pictográficas:


El niño(a) representa tanto los objetos presentados como la cantidad de los mismos.

Icónicas:


El niño(a) representa la cantidad de objetos mediante símbolos que no se parecen al objeto presentado.

Los registros realizados por los niños y niñas del "Domingo Savio" ponen en evidencia este tipo de construcción (representación de una colección de cinco pajaritos).

Mary registra la cantidad mediante crucecitas (5 crucecitas).

Nicole y Andrés utilizan palitos.

Simbólicas.


El niño representa la cantidad de objetos mediante números. Si analizamos las producciones de Jacobo y Eimi, expuesta anteriormente, podríamos decir que Jacobo, aunque reconoce la cantidad de elementos presentados y utiliza los números convencionales para representarlos, todavía no reconoce que el primer número que utilizó (5) incluye a todos los demás.

Jacobo comienza con el número 5 y luego escribe 4321 el registro queda de la siguiente manera (5, 4, 3, 2, 1), Jacobo y Eimi utilizan la forma convencional para representar cantidades. Eimi se encuentra en un nivel de construcción mayor que Jacobo.

Fuente: Currículo de Educación Inicial.

viernes, 7 de julio de 2017

Juegos del Alfabeto Alfombra


SIMÓN DICE

Edad: a partir de 3 años.
Procedimiento:
Dar órdenes como Simón dice: tira la bolsita en una letra de color rojo / en un dibujo cuyo nombre empiece con...

¿CUÁL ES TU PAREJA?

Jugadores: 2-4 (se puede jugar en parejas).
Edad: a partir de 5 años.
Procedimiento:
1. Uno de los jugadores arroja su bolsita, tratando de acertar a una letra.
2. Luego vuelve a tirar otra bolsita ( o tira su compañero, si es que se juega en parejas) tratando de acertar en el objeto cuyo nombre comienza con esa letra.

JUGUEMOS CON LOS NOMBRES

Jugadores: 1 o más
Edad: a partir de 3 años.
Procedimiento:
A los niños(as) les agrada escuchar su nombre en juegos o cuentos. Hay muchas maneras de incorporar sus nombres en juegos con bolsas. En este juego, cada jugador deberá elegir una bolsita de diferente color. El objetivo es que los jugadores arrojen la bolsita sobre la letra con la que su nombre empieza.

VEO, VEO

Jugadores: de 2 a 5 
Edad: a partir de 3 años.
Elementos comunes a todos los juegos: alfombra y bolsitas
Procedimiento: 
1. Cada jugador deberá elegir una bolsita de diferente color. Uno de ellos comenzará dando pistas, cada vez más detalladas, sobre algún objeto de la alfombra, Ej.: veo, veo una fruta / veo, veo una fruta muy rica..
2. El propósito es que los jugadores adivinen cuál es el objeto que se está describiendo y arrojen o apoyen la bolsita sobre el mismo, nombrándolo. El ganador será el primero que logre el objetivo.
Variante:
Las pistas pueden ser letras; por ejemplo, la letra con la que empieza la palabra.

LA HISTORIA SIN FIN

Jugadores: desde 2
Edad: a partir de 4 años.
Procedimiento:
1. Uno de los jugadores arroja su bolsita tratando de acertar una historia que incorpore el objeto elegido, Ej.: (pato) "una mañana, un pato salió de su..."
2. El segundo jugador arroja su bolsita, tratando de acertar a otro dibujo y continúa contando la historia incorporando el nuevo objeto (gallo) "... el pato se encontró con el gallo..."
3. Así sucesivamente se siguen agregando objetos.
Variantes:
Se puede jugar a hacer la historia más loca / cómica / aterradora / asquerosa, etc. También hacer un libro gigante donde los(as) niños(as) dibujen, o se puede escribir la historia para luego guardarla en la biblioteca del aula.

ADIVINA ADIVINADOR

Jugadores: 3-4
Edad: a partir de 4 años.
Procedimiento:
1. Uno de los jugadores cubre una letra de la alfombra con su bolsita, mientras los demás jugadores cierran los ojos (o se dan vuelta).
2. El jugador dice: "¡adivina adivinador!" y los demás tratan de descubrir qué letra está debajo de la bolsita.
3. El jugador que acierte obtendrá 1 punto y tendrá la oportunidad de poner su bolsita sobre una letra para comenzar nuevamente el juego.
Variantes:
Un niño(a) podrá tapar los dibujos y los demás deberán descubrir que dibujo se encuentra debajo de la bolsita.
Se puede dificultar el juego pidiéndole al jugador que adivine, que diga una palabra que comience con esa letra.

¿CUÁL ES CUÁL?

Jugadores: 4 o más
Edad: a partir de 4 años.
Procedimiento:
1. Uno de los jugadores se para de espaldas a la alfombra (o se le pueden vendar los ojos por un momento) y cuenta hasta 5/10. Los demás jugadores ponen sus bolsas de colores sobre una letra.
2. El jugador de espaldas se debe dar vuelta y tratar de adivinar de qué jugador es cada bolsita. Ej: "Creo que la bolsita de Juan es la verde que está en la letra J."
Variante:
Los más pequeños podrán jugar con colores.

CON "M" DE MANZANA

Jugadores: 2-4
Edad: a partir de 5 años.
Procedimiento:
1. Cada uno de los jugadores se para a 60 cm de la alfombra con su bolsita.
2. Por turno, arrojan su bolsita en una letra y dicen la letra a la que apuntaron. Si aciertan en la letra que dijeron, el resto tiene que decir cuál es el dibujo cuyo nombre comienza con esa letra.
3. El jugador que acierte obtendrá 1 punto y tendrá la oportunidad de arrojar su bolsita para comenzar nuevamente el juego.
Variante:
En lugar de arrojar la bolsa sobre la letra, se puede arrojar sobre el dibujo y el resto debe decir con qué letra comienza la palabra.